jueves, 5 de marzo de 2015

EX_MACHINA

La teoría sobre una Inteligencia Artificial sea capaz de tomar conciencia no es nada nueva en el campo de la scifi. Desde Blade Runner o Inteligencia Artificial, hasta Her o la última Autómata, la industria del cine siempre ha estado dispuesta a polemizar con esa idea, aunque, para ser justos, no siempre se han saldado las películas con buenos resultados.

Caleb (Domnhall Gleeson), un joven programador, es invitado por Nathan, su jefe (Chris Isaac), a pasar una semana en el búnker en el que reside. Durante esa semana, tendrá una curiosa tarea: determinar si Ava, el último proyecto que ha desarrollado Nathan, ha sido capaz de adquirir conciencia

Hace casi un año hablamos en el blog de la película The Machine (click aquí), una película de premisa similar a la que hoy nos trata, pero en la que el resultado fue bastante deleznable por culpa de un planteamiento irregular. También podriamos decir lo mismo de Autómata (click aquí) que a pesar de partir de una buena idea, flaqueaba y mucho en no saber desarrollarla y llevarla a buen puerto

Pues este no es el caso de Ex_Machina, y supongo que hay que agradecerselo a Alex Garland, director y guionista de la película, y a sus anteriores trabajos como guionista de Danny Boyle (Sunshine, 28 Semanas Después). Esa experiencia le ha valido para que el guión de Ex_Machina sea casi perfecto: excelentes ideas muy bien desarrolladas y justificadas, diálogos entre los protagonistas más que interesantes, y un desarrollo de la trama bien cosido, sin despuntes ni nada que chirríe, todo lo que pasa tiene su por qué. Además, al eterno debate añade también un ingrediente casi nuevo (aunque se le adelantó Her): la sexualidad, en forma de seducción en su lado positivo, o el negativo de los celos. Y ese es un ingrediente clave para que el thriller siga cocinandose sin caer en teorías más sesudas.

El reparto también está a buen nivel: tanto el dúo de protagonistas, Domnhall y Isaac, con suficiente experiencia para desarrollar sus roles, y de una inquietantemente atractiva Alicia Vikander, en un papel muy encorsetado (valga la redundancia) pero que sobresale gracias a sus "microexpresiones", como dice en la película. Técnicamente ninguna pega. La dirección es comedida, sin sobresaltos, gestando el gérmen del thriller psicológico-futurista en el espectador poco a poco. Una fotografía donde apremian los tonos fríos, y acompañando perfectamente el conjunto, una banda sonora sintética y analógica, gruesa (algo muy común en este último año), pero que no desentona en absoluto, y que ayuda a componer algunas secuencias recordables. En ese aspecto, se nota mucho que la película viene de UK en lugar de USA. Y es que Ex_Machina podría haber formado parte perfectamente de esa excelente miniserie futurista que es Black Mirror, tanto por estética como por temática. Un reparto breve con sólo un trio protagonista, la ambientación fría y una buena bso.

Excelentes ingredientes para una buena idea, que tratada con mimo y en buenas manos como ha demostrado Alex Garland, no pueden terminar en una mala película. Pero no exageremos, la película está bien pero falla donde casi todas: el desenlace. Siendo la ciencia ficción un campo donde caben cientos de teorías, es difícil contentar a todo el mundo por igual. Pero la verdad es que el final te deja algo frío, y aparece alguna rotura en todo el tejido que Alex habia estado cosiendo con tantisimo esmero. Es por ese motivo que seguramente quede relegada al escalón de las segundonas. Pero en fin, tampoco es tan fácil hacer una obra maestra del género, por lo visto hasta la fecha....


lunes, 3 de febrero de 2014

UNA CUESTIÓN DE TIEMPO

Tim (Domhnall Gleeson) es un chico tímido y algo bobo que no tiene suerte con las chicas, hasta que su padre (Bill Nighy) le cuenta el particular secreto que tiene su familia: todos los varones tienen la virtud de poder viajar en el tiempo, aunque sólo hacia el pasado y en momentos que hayan vivido. Por lo que Tim intentará aprovecharse de ese don para ir corrigiendo errores con tal de conquistar a Mary (Rachel McAdams), la chica de sus sueños......

Se le agradece a Richard Curtis que nos endose siempre el mismo producto pero cada vez con envoltorio diferente. Todo comedias románticas más o menos ñoñas y predecibles, pero que sin embargo tienen algo de chispa que las hace fáciles de ver (excepto Nothing Hill que no la soporto). Esta vez a conseguido adaptar el género de la scifi light de El Efecto Mariposa para crear una versión moderna de Atrapado en el Tiempo, una versión más a su medida, más coral, y por supuesto con un toque más "brittish".
El planteamiento de la película es sencillo, pero con ese toque de frescura que ya vimos por ejemplo en Love Actually, donde combina perfectamente esa carga romántica con algunos gags bastante buenos y nada excesivos, que hacen que el conjunto sea fácilmente digerible a pesar de las paradojas temporales. Todo rodado y estructurado con sencillez para que consigas entender que Una Cuestión de Tiempo no es una historia románica al uso, sino que va más allá, a un amor más amplio, un amor a la familia y a la vida, a ese disfrutar de los momentos con los que te premia tu existencia. Un éxito del director que consigue evadirnos por cerca de dos horas de nuestra (más o menos triste) realidad y que nos indica que estemos más atentos a esos pequeños detalles que seguro harán nuestra vida algo más llevadera. Lástima que la trama caiga en sus propias trampas por culpa de unas paradojas espacio-temporales mal resueltas y que hacen que algunas resoluciones chirríen un poco.
A pesar de ese punto,  en "Una Cuestión de tiempo" los pros superan holgadamente a los contras por los siguientes argumentos de peso: reparto perfecto (no hay ni un sólo personaje incapaz de ganarse nuestro cariño, incluso los antipáticos), un guión ingenioso con gags efectivos, suficientes momentos para llorar y abrazar al que esté sentado a nuestro lado, música pastelosa pero soportable y un escenario idílico: Londres y la región costera de Cornwall. Y si encima la moralina de Curtis nos sirve para replantearnos ciertas cuestiones sobre la forma en la que aprovechamos (o desperdiciamos) nuestras vidas, sinceramente no sé qué más le podemos pedir.