martes, 23 de septiembre de 2014

clásicos modernos: GATTACA (1997)

Hay películas que cada vez que las descubres en un pase televisivo tienen el poder de dejarte hipnotizado y no cambiar de canal, ya que no es que envejezcan bien, es que cada vez que las ves de nuevo te parece mejor que la vez anterior. Ésto me pasa, por ejemplo, con GATTACA, una película de la que cometí el error de no disfrutar en el cine por culpa de los prejuicios adolescentes.

Ambientada en una sociedad futura, Vincent (Ethan Hawke), uno de los últimos niños concebidos de modo natural, nace con una deficiencia cardíaca y no le auguran más de treinta años de vida. Se le considera un inválido y, como tal, está condenado a realizar los trabajos más desagradables. Su hermano Anton, en cambio, ha recibido una espléndida herencia genética que le garantiza múltiples oportunidades. Desde niño, Vincent sueña con viajar al espacio, pero sabe muy bien que nunca será seleccionado. Durante años ejerce toda clase de trabajos hasta que un día conoce a un hombre que le proporciona la clave para formar parte de la élite: suplantar a Jerome (Jude Law), un deportista que se quedó paralítico por culpa de un accidente. De este modo, Vincent ingresa en la Corporación Gattaca, una industria aeroespacial, que lo selecciona para realizar una misión en Titán. Todo irá bien, gracias a la ayuda de Jerome, hasta que el director del proyecto es asesinado y la consiguiente investigación pone en peligro los planes de Vincent.

Si por algo destaco Gattaca es por saber mezclar con maestría géneros tan distintos como la ciencia ficción y el cine negro más clásico, gracias a un diseño de producción y una estética fílmica que roza la perfección, mostrándonos un (retro)futuro que nos recuerda ese cine de los años 60, de detectives y de tipos malos.
Un cóctel de lo más acertado en manos de un director novato, Andrew Niccol (también guionista) al que luego se le fueron las musas de vacaciones en películas tan dispares como Simone, In Time o The Host, y ambientado perfectamente con las melodías de Michael Nyman que sabe poner el punto de emoción y de épica en las escenas claves de la película. Uma Thurman y Ethan Hawke (que serian matrimonio un año después) están espléndidos en unos papeles a medida, y a Jude Law su papel le abriría las puertas a la ciencia ficción moderna, como Existenz o Inteligencia Artificial.
La película cada vez sorprende menos al mostrarnos una sociedad hecha a medida, pura y fría, donde "problemas" como la violencia, la calvicie, enfermedades o patologías son deshechados de los embriones para crear una "sociedad perfecta". Pero el director opta por el punto de vista marginal, un marginado genético, que logrará su objetivo entre personas a las que su futuro ya ha sido marcado desde pequeños. Una sociedad que si lo pensamos detenidamente, quizás no esté tan distante en cuanto a los desarrollos genéticos actuales, controlados voluntariamente por medio de pruebas genéticas en un futuro, actualmente por nuestra vida digital.
Quizás el final deja cierto mal sabor de boca. Vincent al conseguir su objetivo termina encajando en el sistema, para que luego cumpla su misión a Titán de manera sumisa. De ese modo, el mensaje que queda es el típico americano tantas veces visto: Ves hijo!!, con esfuerzo todo se puede conseguir. Yo esperaba un poco más de rebeldía a bordo de la nave, no sé, o abandonar la misión y acabar con Irene en su futuro particular. Pero pese a ello, el regusto de todo el conjunto es bueno, y mejor cada vez que se vuelve a ver.


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